La viñeta de Forges de hoy en EL PAÍS, lo dice mejor que todas las palabras: las bibliotecas públicas son imprescindibles. Con crisis o sin crisis, el libro y la biblioteca, que es la casa viva de los libros, son una herramienta imprescindible para la libertad y para la decencia cívica, para el futuro de nuestros hijos. Por eso causa desolación que la ampliación de la Biblioteca Pública de Úbeda siga cerrada, tantos meses y tantos miles de euros después de la finalización de sus obras. Por eso causa desolación –desolación civil, democrática– que Úbeda, que reunían tantas condiciones para ello, no haya querido en una ciudad del libro, en una especie de capital literaria de la provincia.
CUADERNO DEDICADO A LA BIBLIOTECA PÚBLICA "JUAN PASQUAU"
"Porque leer es el único acto soberano que nos queda."
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
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lunes, 23 de abril de 2012
jueves, 16 de diciembre de 2010
PREMIO A LA CONCORDIA PARA MUÑOZ MOLINA
El escritor Antonio Muñoz Molina ha sido galardonado con el Premio Concordia 2010, que concede la Fundación Fernando Abril Martorell. Se trata de un prestigioso premio destinado a reconocer pretenden reconocer “la trayectoria de personas o entidades que hayan destacado en la práctica, defensa o difusión de los valores de tolerancia y humanismo o en el impulso del consenso como método para la consolidación de la libertad y de la democracia en España.” A Muñoz Molina, que se ha consolidado en los últimos años como un referente ético de la ciudadanía española, se le ha concedido este XII Premio Abril Martorell como reconocimiento “a la defensa que en sus artículos y crónicas hace de los valores éticos de la Transición política, así como por la imparcialidad con la que el escritor aborda los problemas de la sociedad”, según Europa Press.
Ahora que los sectarismos de nuevo cuño, adobados de arrebatos justicieros o nacionalistas, parecen poner en peligro todo lo que con tanto esfuerzo, tanta generosidad y tanto sacrificio le costó conseguir a la sociedad española (esta democracia sin duda mejorable pero no por ello menos valiosa y defendible) parece oportuno que se premie a gente como Antonio Muñoz Molina, que sigue pensando que el espíritu de concordia, de entendimiento y de encuentro que hizo posible la Transición y la superación de cuarenta años de guerra civil y dictadura, sigue siendo válido para superar la difícil hora que atraviesa nuestro país. Su última novela, La noche de los tiempos, abunda en esa consideración sobre la necesidad de superar prejuicios y visiones sesgadas de la historia, reconociendo cuanto de valioso concurre en nuestro presente y despreciando cualquier pasado, sea cuál sea la ideología bajo la que se esconde, que esté teñido con sangre y odio.
En ediciones anteriores, este Premio ha sido entregado al rey Juan Carlos I, a políticos como Santiago Carrillo, Alfonso Guerra o Jordi Pujol, artistas como Agustín Ibarrola, filósofos como Fernando Savater o entidades como la CEOE, UGT y CC.OO., artífices de los Pactos de La Moncloa.
martes, 14 de diciembre de 2010
14 DE DICIEMBRE: "EL ALMA QUE ANDA EN AMOR"
“El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa”, escribe San Juan de la Cruz. Entonces ¿cómo podríamos cansarnos nosotros de leer, de escuchar, de aprender al mejor, al más grande sin duda de los poetas en lengua castellana? Aunque, en Juan de Yepes, lo de poeta es puro accidente, es añadidura y fleco de su entidad mayor de santo, de teólogo, de místico, de filósofo. En su discurso de ingreso en la Real Academia Española, bajo el título de Una hora de España, Azorín dijo nada menos que esto: “Nuestro ideal era tan elevado y legítimo como el ideal de los demás pueblos europeos. Es falso que Descartes sea superior a Santa Teresa y Kant a San Juan de la Cruz”.
Nunca penetraremos lo bastante en la selva de sugerencias ascéticas, místicas, filosóficas, poéticas de San Juan de la Cruz. Es asombrosa la feracidad de su mente. ¡Cómo nos hace falta su doctrina en esta hora confusa! Para este tiempo que abusa de la palabra amor antes de haber usado el amor, ¡cómo viene, como anillo al dedo, la doctrina de amor de Juan de Yepes! Porque el amor no es únicamente un sentimiento: necesita para vertebrarse, de una doctrina. El fraile carmelita, deshoja las rosas de su amor divino en sus poesías. ¿Qué es el Cántico sino una custodia de pétalos, una orfebral fragancia de suspiros, anhelos, adivinaciones, esperanzas, glorias y nostalgias? Esta explosión de fervores, este hervidero de intimidades puestas al fuego, que es el Cántico, se alisa, se encalma en pensamiento cuando Juan de la Cruz comenta palabra a palabra –en finísima exégesis, en un auto análisis– su poema. Sorprende, la mina de amor que el carmelita encuentra en esa especie de manto freático de la “sicología profunda”. Limpias aguas, sin lodo, transparentes. El ilustre Freud ¿ha estudiado alguna vez a San Juan de la Cruz?, ¿se ha inclinado sobre el brocal de su cisterna? Tanto da. Juan de Yepes no es un “ego” que limita al sur con el “ego” y al norte con el “superego”. San Juan de la Cruz es pensamiento empapado de teologales auxilios. Porque el espíritu en exilio “produce” el pensamiento como “contestación”. Dice el santo: “Un pensamiento del hombre vale más que todo el mundo”. Y añade: “Por tanto, sólo Dios es digno de Él”. Maravillosa conclusión. Escribía Valéry: “No conozco a ningún hombre que haya llegado hasta el final”. El reformador carmelita, sí; él sí ha ido, de derivación en derivación, al cabo último; él no se ha detenido; ha seguido hasta las últimas consecuencias. Buscando al amor con la verdad y a la verdad con el amor, se nos muestra como el alpinista de Dios en su Subida al Monte Carmelo. Despegando de la mundanidad que le estorba, es el genuino nauta que, arrojando lastre, encuentra en la Noche Oscura el auténtico medio divino que otorga a su alma la plena “disponibilidad”, la oquedad para la Gracia (¡Ah, la Gracia! Pegúy pensaba que la Gracia es la esencial juventud del hombre que, por naturaleza, decrece. Recrece la Gracia al hombre que, abandonado a sí mismo, se arruga en vejez, en costumbre, en rutina, en “cosa”). Y la fatiga ascética del ascenso, la oscuridad de la renuncia, se compensa en Juan de la Cruz con la luz de la Llama. Llama viva de amor que es llaga y cauterio.
He aquí la técnica que nos brinda el santo carmelita para una época que carece de amor y parlotea incansablemente de esos efectos del amor que son la libertad, la comprensión, la tolerancia, la fraternidad y la igualdad. Porque queremos los efectos, despreciando la causa. Y preconizamos amores que no pasan por Dios o le rodean en circunvalación artificiosa. ¿Por qué? El Doctor Extático sabe que al “atardecer nos examinarán en el amor”. Entonces ya su vida es una porfía incansable: “ Ni ya busco ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya sólo en amor es mi ejercicio”, escribe en una estrofa sutilísima. Para remachar en prosa: “Donde no haya amor, pon amor y hallarás amor”. Y continuar: “¡Oh, dulcísimo amor de Dios mal conocido!, el que halló sus venas descansó...”
¡Hallar la vena del amor divino! Qué difícil se está poniendo, cuando buscamos la fe por caminos que no son los que Dios prepara. Pascal, escribía conmovedoramente: “Ponte de rodillas para que te entre la fe”. Pero, ¿quién pide hoy la fe de rodillas? Falta fe para la fe, y ustedes dispensen la perogrullada. Era el mismo Pascal quien escribía genialmente: “Dios está suficientemente desvelado en las Escrituras para que los que le busquen verdaderamente le encuentren. Y está lo suficientemente oculto para que los que no lo buscan con todo su corazón no lo encuentren”.
Buscar, buscar, porfiar, anhelar. Es el trabajo de la fe. Nuestro poeta santo lo ha dicho mejor que nadie: “Buscando mis amores / iré por esos campos y riberas / ni cogeré las flores / ni temeré a las fieras / y pasaré los fuertes y fronteras”.
Pero mil cristianos hay ya pululantes por ahí que no quieren saber nada de la mística. Que a la hora de adoptar una espiritualidad se contentan con el remedo del “medio divino” de Teilhard de Chardin (donde, como escribe Camón Aznar, “confluyen poéticas invocaciones y cursis logomaquias” en un “libro de alto lirismo y de vulgar sociología”) Mil cristianos que se quedan sin saber a este filósofo canonizado que Azorín no retiraría si hubiera que parangonarle –ya hemos reproducido sus palabras– con Kant o Descartes. Mil cristianos que no han paladeado jamás sus estrofas, que no se han puesto nunca a practicar, para el advenimiento del amor, la “técnica” del cantor de la “soledad sonora” y de la “música callada”...
Pero Juan de la Cruz es la invitación que no cesa. Quiere persuadirnos. Pide que hagamos “noche”, que apaguemos frivolidades, que la soledad no sea desierto sino campo fértil para la sonoridad de lo trascendente; que callen los ruidos y hagan sitio a la música honda e intrépida de los últimos fondos: música que traspasa los sonidos, que los calla, para transfigurarlos en ascuas del espíritu y así encandilar, así gritar “A las aves ligeras / leones, ciervos, gamos saltadores / montes, valles, riberas, / aguas, aires, ardores, / y miedos de las noches veladores”.
¡Si acudiésemos a su invitación! Pero su invitación es dura; “Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes. Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada”. Muchas exigencias en un tiempo para el que queremos a toda costa el abaratamiento de Dios.
JUAN PASQUAU. 14 de diciembre de 1972
lunes, 21 de junio de 2010
PALABRA DE SARAMAGO
«Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.»
«No creo en Dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la Historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen los unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en Dios, no lo necesito y además soy buena persona.»
«Estoy comprometido, o sea, vivo, en un mundo que es un desastre. Mi empeño es no separar al escritor de la persona que soy. Me esfuerzo, en la medida de mis posibilidades, en tratar de entender y explicar el mundo.»
«Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.»
«Hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir más allá de la lectura. Se quedan pegados a la página, no entienden que las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río. Si están allí es para que podamos llegar al otro margen, el otro margen es lo que importa.»
«Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.»
«Los escritores viven de la infelicidad del mundo.»
«La derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo: jamás es definitiva».
«Estamos neuróticos. No sólo hay desigualdad en la distribución de la riqueza, sino en la satisfacción de las necesidades básicas. No nos orientamos por un sentido de la racionalidad mínima. La Tierra está rodeada de miles de satélites, podemos tener en casa cien canales de televisión, pero de qué nos sirve eso en este mundo donde mueren tantos. Es una neurosis colectiva, la gente ya no sabe lo que le conviene para su felicidad.»
«El hombre más sabio que conocí no sabía leer ni escribir. Era mi abuelo materno y, aunque analfabeto, era un sabio en su relación con el mundo. Era pastor y había armonía en cada palabra que pronunciaba. Era una pieza en el mundo. No era apático, ni resignado. Era un ser humano directamente conectado con la naturaleza, como los árboles de su huerto, de los cuales se despidió cuando tuvo que viajar a Lisboa. Les abrazó y se despidió de ellos, de su naturaleza, porque sabía que se iba a Lisboa a morir.»
«No me preocupa la muerte, me disolveré en la nada.»
«Nuestra única defensa contra la muerte es el amor.»
«El tiempo es un maestro de ceremonias que siempre acaba poniéndonos en el lugar que nos compete. Vamos avanzando, parando y retrocediendo según sus órdenes. Nuestro error es imaginar que podemos buscarle las vueltas.»
«No se trata sólo de instruir, sino de educar. Y, desde dentro, repercutir en la sociedad. Aprendizaje de la ciudadanía, eso es lo que creo sinceramente que falta. Porque, queramos o no, la democracia está enferma, gravemente enferma, y no es que yo lo diga, basta mirar el mundo...»
«Llevamos siglos preguntándonos los unos a los otros para qué sirve la literatura y el hecho de que no exista respuesta no desanimará a los futuros preguntadores. No hay respuesta posible. O las hay infinitas: la literatura sirve para entrar en una librería y sentarse en casa, por ejemplo. O para ayudar a pensar. O para nada. ¿Por qué ese sentido utilitario de las cosas? Si hay que buscar el sentido de la música, de la filosofía, de una rosa, es que no estamos entendiendo nada. Un tenedor tiene una función. La literatura no tiene una función. Aunque pueda consolar a una persona. Aunque te pueda hacer reír. Para empeorar la literatura basta con que se deje de respetar el idioma. Por ahí se empieza y por ahí se acaba.»
viernes, 26 de febrero de 2010
PÉREZ REVERTE: ENTREVISTA IMPRESCINDIBLE
A punto de salir a las librerías su nueva novela, ambientada en el Cádiz asediado por las tropas napoleónicas, Pérez Reverte ha concedido a El Cultural de El Mundo una entrevista explosiva y cargada de verdades, o explosiva precisamente por estar cargada de verdades y razones. Dado el interés de la misma, remitimos a los lectores de este blog a que disfruten (o se encabronen) con las contundentes palabras de Arturo Pérez Reverte. Por nuestra parte, sólo podemos decir: CHAPÓ.
lunes, 4 de enero de 2010
CINCUENTA AÑOS SIN CAMUS
Se cumplen hoy cincuenta años de la muerte en accidente de tráfico de uno de los hombres más grandes del siglo XX. Se trata de Albert Camus, fallecido el 4 de enero de 1960, en plena madurez personal y creativa.
Camus es un escritor íntegro, creador de un universo y una visión completamente personal e independiente que no renuncia a las contradicciones y las angustias para meter el dedo en la llaga del desarraigo del ser humano, tanto más absurdo cuando más poseído vive por las realidades de un mundo en el que todo es posible. Camus fue –es, sigue siendo– un escritor valiente y necesario, capaz de decir cosas que muy pocos se atrevieron a decir, capaz de someter a juicio sus propios prejuicios para intentar acercarse al mundo y verlo tal y como es y no como quieren hacérnoslo ver las ideologías. Y Camus es un hombre de inmensa dignidad, que no se avergonzó de su pasado humilde, de su pobreza, un hombre comprometido, solidario, que desde su soledad de exiliado del siglo vivió y sintió la ternura por los que nada tienen, por los desposeídos, por las víctimas de la historia.
Camus es, en definitiva, un escritor plenamente vigente al que siempre hay que volver y al que se le quiere rendir homenaje de admiración y respeto de este blog de la Biblioteca de Úbeda, porque sabemos que en muy pocos escritores el ser humano está tan dolorosamente vivo como en Albert Camus.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
TIEMPO DE TERNURA
Como no tenemos mejor manera de felicitarles la Navidad a todos los lectores de este blog y como a nosotros no nos avergüenza ni nos molesta hablar de Dios, ahí les dejamos unas bellísimas palabras de Juan Pasquau sobre estos días entrañables. FELIZ NAVIDAD.
El tiempo al fin y al cabo se compadece: es bueno. Avanza, pero da la ilusión de que regresa. “Regreso” es una palabra tranquilizante. Cualquiera, si no es un desarraigado, quiere volver, siempre, a algo. (“¿Volverás?”, preguntamos. Y sí; todo el mundo dice que volverá aunque no vuelva, aunque por piedad mienta. ¡Quién, al menos, no torna cada atardecer a su base tras la aventura o desventura diaria!)
El tiempo es irreversible, pero en vez de seguir la antipática línea recta se curva ciclos reparadores. Avanza, pero en espiral, intentando repetirse, imitándose. Por eso no hay días desconocidos, no hay amaneceres sin modelo. Lo original no abunda, porque la “novedad” no es nunca nueva. El sol de ayer es una copia anticipada del que iniciará mañana su carrera. Y, ¿qué son las estaciones sino el desagravio que el propio tiempo nos depara contra su propia andadura inexorable? Cada año, trescientas sesenta y cinco efemérides. Cada mañana, la seña de un quehacer y el santo de un recuerdo.
Así, es posible la esperanza. La esperanza frente al endurecimiento, frente a la mineralización de las cosas. Pensando en pesimista, este mundo –en el que entran las vidas de todos, las pasadas, las presentes y las futuras– da la sensación de un proceso de esclerosis. La edad (el mundo “está” cada día más joven, pero es mundo “es” cada día más viejo) está volviendo torpes los movimientos, ¡tan humanos!, de la ternura, del amor, de la comprensión diáfana. Ahora hay muchos “comprensivos” de gabinete, de laboratorio, afanados en cordialidades artificiosas, quizá porque se están secando las fuentes de la prístina bondad. Así se piensa en la hora pesimista, de la que Dios nos libre de caer en la tentación y, sin embargo, el tiempo nos devuelve periódicamente, precisamente en estos días, la ilusión de una ternura renovada. Es en la Navidad, fiesta que no pierde, a pesar de las ortopedias mundanizantes a que se la somete, su fina calidad de Mensaje.
Hace veinte siglos de aquella ternura de la Encarnación y el Nacimiento, de aquel empeño divino de iluminar por dentro al hombre. Si se persiste en seguir arguyendo en pesimista, habría que decir: “Señor, sin embargo, todo sigue aparentemente igual... El hombre se enamoró definitivamente de la tierra. Tú trajiste palabras demasiado limpias. El amor ha servido para nuestros discursos, para nuestra retórica, para nuestros convencionalismos: apenas para nuestras convicciones. No ha pasado de liviana asignatura de adorno. El hombre no cree en el amor, no lo ha estudiado de veras. Sobre todo, no se ha puesto a arar con el amor su propio corazón...”
Hace veinte siglos de aquella ternura. ¿Cederemos a la tentación escéptica? ¿Arrinconaremos a Dios como recuerdo?
No. No, porque esta vieja esclerosis, esta mineralización no es fatal; no es, como el tiempo, irreversible. No, porque Dios es Dios. ¿Por qué creer que la juventud ha muerto? En Roma acaba de promulgarse una nueva siembra.
Y, mirad, el tiempo tiene esto: cada año que se va nos lanza, antes de irse, un dardo de piedad; nos devuelve la consideración del misterio, como una invitación al regreso. He aquí nuestros días de ternura. Quizá una Navidad, no sabemos cuál, el mundo va a aceptar con voluntad firme su auténtico destino. No sabemos cuando, no sabemos cómo...
JUAN PASQUAU - ABC, 26 de diciembre de 1965
lunes, 21 de diciembre de 2009
LIBROS PARA NIÑOS Y PARA JÓVENES
El sábado pasado, el diario El País dedicaba su suplemento literario BABELIA a la literatura infantil y juvenil. Ciertamente la proximidad de la Navidad, con su inagotable carga de regalos, es una buena ocasión para promocionar con fines comerciales los libros “dedicados” a niños y jóvenes. Destacan en el especial el libro, precioso, de Maurice Sendak: Donde habitan los monstruos, una –y nunca mejor dicho– monstruosa joya que no debería faltar en la biblioteca de ningún niño, por la capacidad de evocar mundos que sus ilustraciones tienen. Pero más allá de eso –o sea: más allá del beneficio de las editoriales– lo verdaderamente importante es reflexionar sobre la importancia que para nuestros hijos tienen los libros. Y actuar en consecuencia, esto es, metiendo en su paquetón de regalos de Reyes uno o varios libros.
Para los padres que son lectores desde niños es fácil entender el valor inmenso que tiene el ofrecer a sus hijos la oportunidad de adentrarse en el mundo de los libros. Entre otras cosas porque saben que sólo de ese modo pueden ofrecerles la oportunidad de viajar a los lugares más recónditos del mundo, que son el fondo de los océanos y los volcanes o las selvas africanas, la oportunidad de transitar por las calles de Pompeya o por el Londres victoriano, la oportunidad de tener alas y volar o de convertirse en enano o gigante y derrotar a villanos y enamorar a princesas. Los padres lectores valoran ese tesoro y hacen bien en transmitírselo a sus hijos, porque es quizá lo mejor que podrán dejarles nunca, un mundo entero e intacto, que no se agota por muchos ojos que lo lean.
Los padres que no leen lo tienen más difícil en principio, porque tal vez no entiendan la magia de sentarse con un libro entre las manos mientras las horas pasan dibujadas en la cara feliz o preocupada, en función de las peripecias de los personajes. Pero tienen que hacer también ese esfuerzo para regalarles a sus hijos el milagro y el misterio y el don de la lectura.
Cómo sea, lo importante es que el 6 de Enero los Reyes Magos hayan dejado un libro, por lo menos uno, en el zapato de cada niño y de cada joven. Porque en un libro hay más aventuras y más pasión y más mundos y más diversión que en todos los juguetes juntos y más, por supuesto, que en las consolas y los ordenadores.
viernes, 18 de diciembre de 2009
PADRE INVIERNO
El “padre Invierno”. Lo simbolizan en un vetusto personaje de barba cana. Pero muy amable y con comprensiva sonrisa. Sin embargo, el invierno flagela. Diciembre castiga con vientos, heladas, lluvias, nieblas. Enero también. Febrero abre esperanzas azules entre sus nubes, pero es para que, luego, el chaparrón o el vendaval sea mayor, más intenso. Y marzo es terrible por sus coletazos... El invierno es bueno para los campos y malo para los pobres, se decía.
(...)
El Invierno es naturalmente Padre. Por eso no frivoliza jamás. Siempre enseña. El azul puro de enero es el más intenso de todos los azules. Y no hay Luna más limpia que la Luna de enero. Y ningunas mañanas exultan mejor que las radiantes de Navidad. Es, precisamente, porque antes, el Padre Invierno lava el Cielo y el Campo con la lluvia y lo purifica con los vientos y le trae escondida fertilidad y vida nueva bajo el mágico disfraz blanco de la nieve. La nieve –que no es “sudario”, sino manto germinal– trae además al suelo la ilusión de una inocencia perdida.
Y es que, a lo mejor, no está todo perdido. ¿Sigue el Invierno dando mazazos, y amorosamente flagelando, con sus “inclemencias”, precisamente para eso?
Hace frío. En el fondo el frío nos hace más felices, más íntimos, nos acerca más a nuestra condición. Es sano pasar frío. Siempre está luego el placer de calentarse. Lo menos natural es evitar de antemano y “a priori” el frío. Las calefacciones que quieren recibir nuestra incorporación a la vida cada mañana con un mimo, nos hacen, probablemente, no poco endebles de cuerpo y de espíritu. Mejor es flagelarnos cada amanecer con el agua fría. Pero una caricia termal, como la de la calefacción a todo gas, de entrada, nos asemeja a polluelos implumes. Es bueno el Padre Invierno que no quiere hijos mimados. Es bueno Dios que parece viejo, pero que vigila en las madrugadas gélidas, asomando su pureza entre el azul lejano de las crestas montañosas, o que ironiza –jugando a aparecer y esconderse– entre la hierba que rodea las torres de la ciudad.
Es bueno Dios que no se duerme y no se cansa de nosotros. Y, por eso, cada Diciembre nos trae con el frío, el regalo de su divinidad encarnada. Es lo que nos hace pensar que todo tiene todavía remedio.
El Padre Invierno, cariñosamente nos disciplina con su aparato de borrascas. En estos tiempos blandengues sabe castigar sabiamente, amorosamente, fértilmente. ¡Qué horrible sería una “eterna primavera”! Y qué cursi.
JUAN PASQUAU (Diario Jaén, 5 de diciembre de 1976)
miércoles, 16 de diciembre de 2009
ENTREVISTA A MUÑOZ MOLINA
La cita es en el Parador de Úbeda. Antonio Muñoz Molina ha accedido a atender a este periódico en su ciudad natal, haciendo un hueco entre sus muchos compromisos familiares y sus no menos compromisos literarios propios de la publicación de una nueva novela, 'La noche de los tiempos'.
Ha llegado antes que yo, y disfruta del sosiego que reina en el patio porticado del palacio renacentista acompañado de cuatro personas. Curiosamente todos beben tónica. Por no desentonar pido otra. Jesús Cárdenas, director del Parador, le pide que firme en el libro de visitas del establecimiento. Manuel Madrid, encargado de presentar el libro en el acto organizado en Úbeda, le informa de que parece que van a restaurar el maltrecho Palacio de los Orozco que sirvió al Académico de la Lengua de escenario para su novela 'Beatus Ille'. «Había empezado a escribir planteando la historia en otro lugar, pero visité el edificio y me gustó, por lo que rápidamente organicé la mudanza», contesta el autor con una de esas sonrisas que no suele lucir en público.
Ruina
Por otro lado, Ramón Beltrán, responsable del Archivo Municipal, le pone al día, con pelos y señales, de las más que cuestionadas obras en la iglesia de Santa María. «Qué barbaridad», responde un atento y ya no tan sonriente Muñoz Molina al conocer ciertos detalles. Y Andrea Pezzini, empresario turístico, le cuenta que han puesto en marcha una ruta literaria para visitantes basada en sus libros. «Mucha ruina», apostilla el escritor recordando lo poco que se parecen ya muchos de los espacios de Úbeda a los que inmortalizó en su Mágina.
Sin ir más lejos, el tranquilo barrio de San Lorenzo en el que nació y se crió, hoy es una caja de resonancia plagada de jóvenes y coches que han fijado allí uno de sus centros de ocio nocturno. El ilustre vecino tuvo ocasión de comprobarlo en verano estando en la casa de la familia. Casi no pudo pegar ojo: «había más ruido allí que en mi apartamento de Nueva York». Entre Úbeda y Mágina discurrió nuestra charla, pasando por 'La noche de los tiempos'.
-Entiendo que presentar este libro en Úbeda tiene más que ver con el cariño que con los réditos editoriales.
-Me lo ofrecieron los amigos de la Asociación Cultural Alfredo Cazabán y me pareció buena idea. Hay una cosa importante, aparte de la relación de cariño con la ciudad y con las personas, que es reivindicar el trabajo de la gente que hace cosas sin depender de la administración. En España hay demasiada presencia de la política en las cosas. Cuando me invitaron, la única condición que puse fue que no quería un acto de naturaleza política, no por nada, sólo porque creo que la sociedad civil también debe tener su soberanía, y no puede estar continuamente dependiendo de la política.
-Además, es usted profeta en su tierra.
-Siempre he sentido a la gente muy cálida conmigo, y eso es muy alentador. No tengo conflicto alguno con mi ciudad natal. Al revés, tengo una relación de cariño muy grande con mucha gente de varias generaciones. Algunos eran niños o no habían nacido cuando yo empecé a publicar. Y eso a mi me conforta mucho y me da mucha alegría; ese calor y esa generosidad de la gente.
-En su calidad de ubetense, ¿cómo ve Úbeda desde fuera?.
-Se ve como el resto de España. No ha habido mucho cuidado con el patrimonio. España es un país muy maltratado en su paisaje urbano. Y Úbeda es una víctima más.
Dueños
-Al respecto, hace poco publicaba usted un artículo que titulaba 'Desolación de volver'. ¿Es para tanto?.
-Sí. Tenemos que entender que nosotros no somos los dueños del mundo, somos depositarios. Cada generación es depositaria de una herencia que le ha sido legada por una anterior y que tiene que transmitir a la siguiente. Aparte de monumentos, palacios e iglesias, recibimos un legado singular, un paisaje, una estructura de ciudad, un patrimonio de arquitectura popular, y hay que preguntarse qué le vamos a dejar a los que vienen detrás. También porque después nos van a pedir cuentas. Y luego, es preciso considerar que el cuidado del patrimonio y del paisaje es profundamente práctico y rentable. Lo que no es rentable es destruir y hacer algo que está en todas partes. Cuando viajas por Europa, ves que ha habido un talento extraordinario para conservar lo mejor, para modernizarse plenamente sin destruir nada, y sabiendo aprovechar el capital tremendo que tiene la singularidad de un sitio.
-Es decir, que no le gusta mucho lo que ve.
-La gente no va a venir a Úbeda a ver una urbanización horrorosa. Y una ciudad no es sólo cuatro monumentos. Es muchas más cosas: el paisaje que se ve al llegar a ella, el diálogo entre el pasado y el presente. Y yo me temo que eso ya no es algo específico de Úbeda. Lo específico de Úbeda es el volumen de la riqueza que había y su grado de deterioro.
-En esta ocasión visita la ciudad para presentar su trabajo más ambicioso. ¿Cómo está funcionando?.
-Estoy vagamente al tanto. Uno no debe preocuparse más de la cuenta de esas cosas. Aunque en el caso de un libro como este te sientes responsable ante el esfuerzo que la editorial está haciendo. Los sentimientos son encontrados: por una parte no quieres preocuparte, pero por otra tienes que preocuparte.
-Tengo entendido que en la editorial están contentos.
-Sí, y por tanto, yo también lo estoy. Aunque creo que un libro literario tiene que durar en el tiempo. Por su propia naturaleza tiene que tardar en calar. A mi, si me das la opción entre el éxito comercial inmediato o el éxito a largo plazo, evidentemente me quedo con lo segundo. Ese es el verdadero desafío. Mi primera novela salió hace casi 24 años, pero nunca ha dejado de estar en las librerías, y eso es lo que más satisfacción me da, lo que creo que es lo propio de lo literario.
-¿Por qué eligió un arquitecto para protagoinizar esta novela y no un escritor?.
-Fue casi por casualidad. No quería que fuera un escritor. Yo quería hacer un retrato de una España de la cual hay información, sobre todo, acerca de escritores. Pero en esa España había mucha más gente trabajando, y trabajando estupendamente. La Generación del 27 son poetas, pero en esa misma época había excelentes arquitectos, científicos, médicos, debido a una explosión de renovación del país que estaba en todos los campos.
Opciones
-Al escribir utilizando como contexto la Guerra Civil, ¿pensó en quién contentaría y en quién no?.
-No puedes pensar en eso. Tienes que hacer aquello que crees que tienes que hacer, porque además no tienes muchas más opciones. En este caso he intentado reflejar una vida en un momento particular de la historia de España. Si para contentar a unos tienes que decir que los señores de una de las partes fueron intachables y para contentar a otros tienes que decir lo contrario, yo pienso que ese no es problema mío. Es el problema de personas que tres cuartos de siglo después necesitan situarse a un lado o a otro de la trinchera.
-Me da la sensación de que tampoco contentará a mucha gente de izquierdas.
-En la novela se comentan muchas barbaridades, cometidas en nombe de unas ideas o en nombre de otras, pero todas esas barbaridades están documentadas. Las fuentes morales de la novela son escritores vinculados a la izquierda, pero eso no implica ser indulgente con los crímenes cometidos en nombre de la izquierda.
-¿Cree que nos han contado la historia tal y como fue?.
-La historia está contada estupendamente, pero hay dos niveles distintos. Por un lado está el nivel de la investigación histórica y de los testimonios personales, y a otro nivel está la diatriba política de los últimos años. En el primer nivel, la historia está muy bien contada, y hay bastante acuerdo.
-Pues yo tengo un hermano de 22 años al que todo esto de la Guerra Civil le suena a poco menos que a chino.
-Eso es muy malo. Y quizá no se haya sabido contar, cuando es muy importante conocer la historia. El problema de no conocerla es que puedes ser fácilmente víctima de los manipuladores de la historia, que actúan continuamente desde la política.
-¿La Ley de Memoria Histórica pondrá cada cosa en su sitio?.
-Eso es muy complicado. Estaría bien que se estableciera un relato oficial de lo que ocurrió, hecho por historiadores, que contara las causas, el desarrollo y el resultado. Eso ya está en los libros de historia, pero no se ha oficializado. Y además hay actualmente una grave irresponsabilidad política al utilizar la historia como arma arrojadiza.
-¿Merece la pena remover fosas como pretenden hacer con la de Federico García Lorca?.
-También es muy complicado, porque intervienen distintas voluntades. Comprendo perfectamente la posición de la familia y comprendo que haya quienes quieran encontrar los restos de sus seres queridos. Pero creo que no se debe hacer. Algo ha estado profundamente equivocado para que se llegue a este punto, a esta disputa. Me parece de mal gusto.
-¿Piensa ya en su próximo proyecto?.
-No. Ahora busco un tiempo de tranquilidad. Escribir está muy bien, pero no escribir también.
-¿Volverá a escribir sobre Mágina?.
-Nunca se sabe, pero probablemente.
ALBERTO ROMÁN (Ideal, 12 diciembre 2009)
jueves, 29 de mayo de 2008
ENTREVISTA A GARCÍA MÁRQUEZ

Por su interés, les ofrecemos la posibilidad de escuchar la interesantísima y larga entrevista que allá por 1996 (poco después de la publicación de Noticia de un secuestro) le hizo Iñaki Gabilondo a Gabriel García Márquez. Sin duda es un placer escuchar al Premio Nobel de Literatura reflexionar sobre su vida y su obra y sobre su condición de escritor. Y esta entrevista cobra más interés ahora que se ha anunciado que el año próximo saldrá a la luz la nueva novela del más ilustre residente de Macondo. Por eso hemos creído interesante ofrecérsela aquí a los ciudadanos que quieren a la Biblioteca de Úbeda.
jueves, 24 de abril de 2008
DISCURSO DE JUAN GELMAN

Ayer, en el acto de entrega del Premio Cervantes, Juan Gelman pronunció un discurso memorable. Hondo, lleno de sentido, pleno de dolor: “Ahí está la poesía, de pie contra la muerte”. Esta frase resume todo el discurso, cuajado de reflexiones similares sobre la muerte, el sentido de la vida, el oficio de leer y el impulso de escribir o sobre la memoria como hecho ineludible para hacer justicia.
Recomendamos, encarecidamente, la lectura del discurso de Gelman. Pueden encontrarlo íntegro en http://www.juangelman.com
Recomendamos, encarecidamente, la lectura del discurso de Gelman. Pueden encontrarlo íntegro en http://www.juangelman.com
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