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lunes, 5 de mayo de 2008

ARTÍCULO DE MUÑOZ MOLINA EN EL PAÍS



Ida y Vuelta

DE UNA BIBLIOTECA A OTRA
Antonio Muñoz Molina

Una biblioteca pública no es sólo un lugar para el conocimiento y el disfrute de los libros: también es uno de los espacios cardinales de la ciudadanía. Es en la biblioteca pública donde el libro manifiesta con plenitud su capacidad de multiplicarse en tantas voces como lectores tengan sus páginas; donde se ve más claro que escribir y leer, dos actos solitarios, lo incluyen a uno sin embargo en una fraternidad que se basa en lo más verdadero y lo más íntimo que hay en cada uno de nosotros y que no tiene límites en el espacio ni en el tiempo. La lectura, los libros, empezaron siendo privilegio de unos pocos, herramientas de poder y de control de las conciencias. La imprenta, al permitir de pronto la multiplicación casi ilimitada de lo que antes era único y difícil de copiar, hizo estallar desde dentro la ciudadela hermética de las palabras escritas, alentando una revolución que empezó por reconocer en cada uno el derecho soberano a leer la Biblia en su propia lengua y en la intimidad de su casa, sin la mediación autoritaria de una jerarquía. Gentes que leían libros albergaron ideas inusitadas: que el mérito y el talento personal y no el origen distinguían a los seres humanos; que todos por igual tenían derecho a la instrucción, a la libertad y a la justicia.

La escuela pública, la biblioteca pública, son el resultado de esas ideas emancipadoras: también son su fundamento. Con egoísmo legítimo uno compra un libro, lo lee, lo lleva consigo, lo guarda en su casa, vuelve a leerlo al cabo de un tiempo o ya no lo abre nunca. En la biblioteca pública el mismo libro revive una y otra vez con cada uno de los lectores que lo han elegido, multiplicado tan milagrosamente como los panes y los peces del evangelio: un alimento que nutre y sin embargo no se consume; que forma parte de una vida y luego de otra y siendo el mismo palabra por palabra cambia en la imaginación de cada lector. En la librería no todos somos iguales; en la biblioteca universitaria el grado de educación y la tarjeta de identidad académica establecen graves limitaciones de acceso; sólo en la biblioteca pública la igualdad en el derecho a los libros se corresponde con la profunda democracia de la literatura, que sólo exige a quien se acerca a ella que sepa leer y sea capaz de prestar una atención intensa a las palabras escritas. En el reino de la literatura no hay privilegios de nacimiento ni acreditaciones oficiales, ni jerarquías de ninguna clase ante las que haya que bajar la cabeza: nadie tiene la obligación de leer una determinada obra maestra; y no hay libro tan difícil que pueda ser inaccesible para un lector con vocación y constancia. Pomposos catedráticos resultan ser lectores ineptos: cualquier persona con sentido común es capaz de degustar la más delgadas sutilezas de un libro. En el cuarto de trabajo o de estudio con frecuencia uno está demasiado solo: en la biblioteca pública se disfruta un equilibrio perfecto entre el ensimismamiento y la compañía, entre la quietud necesaria para la lectura y la grata conciencia de la vida real que sigue sucediendo a nuestro alrededor.

Los barrios de Nueva York están punteados de sucursales de la gran Biblioteca Pública de la quinta Avenida. El edificio central tiene una escala imponente: los mármoles, la escalinata, las columnas, los dos grandes leones benévolos. Las bibliotecas de barrio son mucho más modestas en apariencia, pero no esconden menos tesoros, y son igual de acogedoras. La que yo visito casi cada mañana está en una zona de pequeños negocios puertorriqueños, de peluquerías rancias de caballeros, de puestos de frutas del Caribe, de casas de comidas baratas que tienen nombres como La Caridad o La Flor de Mayo. El trámite para hacerse socio dura unos cinco minutos y es gratis. Con su tarjeta uno puede solicitar cualquier libro, disco o película y en unos pocos días le avisarán de que puede ir a recogerlo. Pero para entrar en la biblioteca y pasarse en ella las horas no hace falta ni siquiera una acreditación, en una ciudad donde hay tantas barreras de seguridad que puede ser tan inhóspita para el que no tiene dinero. A mi alrededor, en las otras mesas de la biblioteca, hay universitarios obsesivos que han venido a estudiar y jubilados que leen tranquilamente el periódico, un chico que mueve la cabeza y los hombros al ritmo de la música que escucha en el iPod mientras sonríe para sí leyendo una novela gráfica, una muchacha asiática sumergida en una biografía de Virginia Woolf, una abuela a la que una empleada le enseña con ilimitada paciencia cómo acceder a su cuenta de correo electrónico en la fila de ordenadores de la sala, una mujer demente que se ha sentado cerca de mí dejando caer sobre la mesa, como si fuera una lápida, un diccionario enorme de psiquiatría.

Yo leo, trabajo, miro el correo, escribo alguna postal, gustosamente solo y a la vez acompañado, mecido por el rumor cauteloso de la gente. Vengo a trabajar en una biblioteca pública y me acuerdo siempre de la primera que conocí, en la que empecé a educarme, tan lejos ahora y tan presente en la memoria, la biblioteca municipal de Úbeda, que descubrí cuando tenía unos doce años. La mirada infantil, como la poesía épica, agranda los lugares, magnifica las cosas: yo nunca había visto salas tan grandes, estanterías llenas de libros que llegaban a los techos, sumergidas parcialmente en una penumbra en la que brillaban con intensidad misteriosa las lámparas bajas sobre las mesas de lectura. En cualquier otro lugar mis deseos y mis aficiones estaban limitados por la falta de dinero: en la biblioteca yo era un potentado. Fuera de allí las cosas pertenecían a alguien, casi siempre a otro: en la biblioteca eran mías y a la vez de todos. No existe mejor escuela de ciudadanía.

Sin aquella biblioteca hoy yo no estaría en ésta. Y como ahora las palabras pueden viajar tan instantáneamente como vuelven a la conciencia las imágenes del pasado remoto, cuando abro el portátil para mirar el correo encuentro un manifiesto en defensa de la biblioteca municipal de Úbeda, dañada por el abandono, por esa idea festera y despilfarradora que tiene cualquier política cultural en España, donde no hay límite para el gasto público a condición de que éste sea superfluo. Cualquier municipio español gasta millones en contratar artistas de moda o alentar paletadas vernáculas: pero en una pequeña biblioteca no hay dinero para comprar libros, y si lo hubiera no quedaría espacio donde mostrarlos; cada vez existirá menos la posibilidad de que alguien encuentre en ella el refugio y la iluminación de los libros; de que un niño fantasioso entre en la biblioteca pública como Simbad en la gruta del tesoro. Pongo mi firma al pie de ese manifesto de ciudadanos ilustrados y por un momento la lejanía no existe y la mesa de lectura en la que estoy sentado pertenece a aquella biblioteca que no he pisado en tantos años.
Publicado en EL PAÍS (Babelia) el 3 de mayo de 2008

jueves, 24 de abril de 2008

EDITORIAL DE RADIO ÚBEDA - DÍA DEL LIBRO

Hoy, 23 de abril, es el Día del Libro. Aprovechando que la producción literaria del autor es finita, pero, por el contrario, que el libro es inmortal, la UNESCO hizo coincidir la efeméride con la fecha aproximada de la muerte de Shakespeare, Cervantes e Inca Garcilaso de la Vega.

Los gestos conmemorativos siempre son loables, pero no garantizan la consolidación de los proyectos. En la provincia de Jaén, como en el resto del país, tanto leer como escribir suelen conducir al lamento, concluir en llanto. La mitad, cuanto menos, de la población reconoce que anualmente no maneja otro libro que el de Familia, y ya saben que la natalidad por estos pagos anda, desde hace años, de capa caída.

Toda iniciativa tendente al fomento de la lectura merece consideración y respaldo, aunque tantas veces suponga sembrar en tierra yerma. Ahora bien, lo que hoy se impone, lo que este 23 de abril debería suponer una apuesta decidida, unánime, sin fisuras, del mundo de la cultura jiennense, sería la dignificación universal de las bibliotecas públicas. Las bibliotecas de nuestros pueblos y ciudades no pueden ser las hermanitas pobres del presupuesto, no pueden ser recluidas, abandonadas en espacios inhóspitos, que lejos de invitar a prolongadas estancias, promueven la visita fugaz y presurosa.

Las bibliotecas públicas son la librería del pobre, el refugio de todo aquel que ansía saber más, el retiro del opositor y del estudiante, el paraíso del silencio o, en el peor de los supuestos, del hablar respetuosamente bajito. Las bibliotecas públicas deben nutrirse y renovarse, deben ser cada día más confortables.

Las bibliotecas, en muchos casos, están dejadas de la mano de Dios. Y mucho nos tememos que también, a la vista está, dejadas de la mano del hombre, del gobernante.

Las bibliotecas públicas, en días señalados como hoy, 23 de abril, merecen una atención especial.

Todo este tipo de anhelos que nosotros, modestamente, hemos querido compilar, compendiar, contener, en este Editorial. Y que el libro viva por siempre, pero que viva dignamente, en bibliotecas acogedoras, tecnificadas y modernas. Que así sea.

MANUEL EXPÓSITO

miércoles, 23 de abril de 2008

NOTICIA EN DIARIO IDEAL. 23 de abril




Más de la mitad de los volúmenes de la Biblioteca no cabe en sus estanterías

De sus 40.000 libros, 22.000 están almacenados y no se pueden consultar

Antonio Muñoz Molina ha suscrito un manifiesto en defensa del centro

ALBERTO ROMÁN

Hoy, 23 de abril, Día del Libro, la Biblioteca Municipal Juan Pasquau no está para muchas celebraciones. Son demasiadas las necesidades y deficiencias que hacen que este centro público no cumpla con los requisitos que debiera tener la biblioteca de una ciudad como Úbeda. Se trata de problemas que tienen que ver con el espacio y la organización de contenidos, y que no son de ahora, pues vienen de largo.

La Biblioteca Municipal está instalada en una sala situada en la planta baja del centro cultural Hospital de Santiago, bajo la torre izquierda. Dispone de algo más de 40.000 volúmenes (unos 34.000 para adultos y alrededor de 6.000 específicamente para público infantil). Pero no todos se pueden consultar pues, por la falta de espacio, algo más de la mitad (unos 22.000 libros) se encuentran apilados en una estancia superior de la torre, a la espera de que haya estanterías en las que ser colocados para estar disponibles al público. Paralelamente, en la planta baja hay habilitada otra sala-almacén, aunque en este caso los libros sí se pueden retirar.

Igual que hace 13 años

Así, con respecto al número de volúmenes se da una curiosa paradoja. El hecho es que desde su traslado desde la Casa de la Tercia al Hospital de Santiago, allá por 1995, la Biblioteca puede presumir de haber duplicado el número de libros registrados, pero a la vez la mitad de los disponibles actualmente no se pueden consultar por estar almacenados, con lo cual se puede decir que el centro está igual que hace trece años. Lo mismo ocurre con el servicio de hemeroteca: en la Biblioteca se pueden consultar periódicos de las últimas semanas, pero una vez que se acumulan, se hacen paquetes y son trasladados igualmente al almacén superior.

Siguiendo las recomendaciones de otros organismos y administraciones, la Biblioteca ubetense está muy por detrás de lo que sería deseable. Por ejemplo, la Unesco recomienda que se disponga de un libro y medio por habitante, con lo cual Úbeda (de unos 32.000 habitantes) debería tener en su Biblioteca alrededor de 48.000 volúmenes (estaría cerca de no ser porque más de la mitad no están disponibles). Y la Junta de Andalucía aconseja para una ciudad de la entidad de Úbeda una Biblioteca central de 800 metros cuadrados y una sucursal de 400 metros cuadrados, cuando la única existente no llega ni a las dimensiones de esta segunda.

Otras deficiencias

Con respecto a otras deficiencias relacionadas con el espacio, sería necesario diferenciar la zona de estudio y lectura de la zona infantil pues, en la actualidad, al no haber separación, a los niños se les dice continuamente que guarden silencio y ya son muy pocos los que acuden, con lo cual se pierde esta cantera de usuarios y lectores.

Asimismo, los 120 puntos de estudio y lectura que hay son escasos porque suelen estar ocupados al cien por cien, sobre todo en época de exámenes, por lo que sería necesario habilitar más o habilitar un área para lectura y consulta y otra sala para estudio. Y además de que los 7 puntos de acceso a internet disponibles son insuficientes por la gran demanda existente, 4 de ellos no están operativos desde hace tiempo. Finalmente, a todo ello hay que añadir que la Biblioteca Municipal no dispone de página web en la que colgar información y un índice de volúmenes para consulta, junto a otros servicios on-line de gran utilidad para los usuarios.

UN DOCUMENTO AMPLIAMENTE RESPALDADO

El prestigioso escritor ubetense Antonio Muñoz Molina se ha sumado al más de un centenar de nombres que ya suscriben un manifiesto en defensa de la Biblioteca Pública Juan Pasquau de Úbeda. Lo ha hecho desde Nueva York tras interesarse por la situación del centro y pedir alguna información al respecto.

El documento ha sido redactado por un grupo de ubetenses que solicitan una mayor atención para la Biblioteca a través de la página vbeda.com de la asociación Alfredo Cazabán. Y lo apoyan personas vinculadas a los ámbitos educativo, cultural, económico, político, social y judicial, algunas de ellas de gran relevancia, como es el caso de Muñoz Molina. Igualmente ha sido rubricado por diferentes colectivos y se le ha dado difusión a través de decenas de páginas web y foros. En este periódico aparece el texto íntegro en las páginas de opinión.

PROYECTO PENDIENTE

Ampliación.

Desde hace años existe un proyecto de ampliación de la Biblioteca en el que aún no se ha avanzado. La concejala de Cultura, Elena Rodríguez, manifestó ayer que la intención es acristalar y habilitar la galería superior que circunda el patio lateral del Hospital de Santiago por el que se accede a las actuales instalaciones, con lo cual se ganaría mucho espacio justo encima para puestos de lectura y estantes. Este proyecto, según dijo, se ideó durante el anterior mandato del PSOE, pero "se quedó en puertas" una vez que el PP entró en la alcaldía. Así, la idea ahora es retomarlo.