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miércoles, 9 de junio de 2010

Estatuas y Monumentos. JUAN PASQUAU


La Cofradía de Jesús fue la impulsora del monumento

EL MONUMENTO ESCONDIDO.

Cuanto más debe una ciudad, un pueblo, a un hombre, más escándalo –escándalo moral– causa que la estatua con la que un día se decidió homenajear a ese hombre dormite olvidada, abandonada, en cualquier rincón, sin cuidado y casi escondida, como si avergonzase mostrarla en un lugar digno, en una encrucijada hecha para las vidas y las gentes. Eso ocurre, en Úbeda, con el monumento de Juan Pasquau. Monumento, cierto es, casi venido a menos, en el que destaca el espléndido busto –algo más que un busto, dijo Juan Luis Vasallo, su autor, pues tiene los dos brazos completos– del gran escritor; monumento al que le falta el complemento que aclimate la imagen en bronce de Pasquau, pues poco digna parece esa base sobre la que descansa y que se nos figura realizada por puro compromiso, porque en algún sitio tenía que situarse el busto. Si cuando salió adelante la iniciativa de realizar este homenaje a Juan Pasquau –iniciativa privada, muy tímidamente, pero muy tímidamente, impulsada por el Ayuntamiento– no hubo disposición económica para completar el monumento, ¿por qué no ahora, de una vez por todas, se acomete esta empresa y se le busca un lugar digno y visible a Juan Pasquau y se diseña un monumento que haga que su busto deje de estar expuesto sobre esa especie de bandeja pétrea?...

A la izquierda del patio central del Hospital de Santiago hay un patio más pequeño, macizo: el Patio de la Virgen, posiblemente llamado así porque una imagen mariana debió coronar la base de piedra que aún hay en el centro del mismo. Debajo de las arcadas de piedra, junto a la puerta que da acceso a la Biblioteca Pública que lleva su nombre, está situado el pedestal de piedra que sostiene el busto de Juan Pasquau. Aparcado allí, como si cualquier cosa, como si ese hombre eternizado por Vasallo en el bronce –la mano derecha acariciando la cara, en gesto pensativo, en gesto propio de un hombre hecho de meditaciones y silencios; la mano izquierda pasando las páginas de un libro–, no fuese el hombre que desveló la poesía oculta de Úbeda, y que construyó una Úbeda sin la cual no puede entenderse la realidad de la ciudad de los Cerros, porque desde Juan Pasquau, para entender a Úbeda hay que dialogar con la Úbeda de Juan Pasquau. Como si ese hombre no hubiese sido uno de los más grandes articulistas del siglo XX español. Como si ese hombre no fuera uno de los pensadores más finos y elegantes de la Guerra Civil para acá. Como si no fuese una personalidad ineludible en la realidad cultural del Jaén de los últimos cien años. Como si...

LA TAREA DE LA SOCIEDAD CIVIL.

Cuando Juan Pasquau moría –el 10 de junio de 1978– era Hermano Mayor de la Cofradía de Jesús Nazareno Andrés Carlos Martínez de las Peñas. Él y la Junta Directiva que presidía, y de la que era Vocal Juan Pasquau –el alférez de la Cofradía que orgulloso portaba el ancestral Pendón en el amanecer del Viernes Santo–, entendieron muy pronto que era necesario que Úbeda regalase un monumento a la memoria de Juan Pasquau. No era suficiente con que una calle, un colegio público o su Biblioteca Municipal ya hubiesen sido bautizadas con su nombre: gestos, esos, al fin y al cabo fáciles, que no requieren esfuerzos ni desvelos ni sacrificios, gestos para los que basta con un simple acuerdo municipal que no tiene más costo que el de los folios en que se escriben.

Libros de actas, polvorientos libros de cuentas, documentos, partituras, escrituras... carpetas azules cerradas con gomas y con etiquetas que identifican su contenido... El Archivo de la Cofradía de Jesús es una fuente inagotable para la curiosidad de los historiadores, alimentada por más de cuatro siglos de historia. En ese Archivo hay tres carpetas azules, mimadas por el entonces Secretario de la Cofradía –Antonio Vico, el gran amigo, el amigo del alma de Juan Pasquau–, que contienen toda la documentación relativa al monumento de Pasquau. Es curioso que esta documentación no se custodie en el Archivo Municipal, pero es que como hemos dicho el Ayuntamiento fue un simple convidado de piedra en este proyecto. Y es que el reconocimiento a Juan Pasquau nació de la sociedad civil, en uno de los últimos gestos de arrojo cívico que la siempre adormecida sociedad ubetense ha tenido.

Así, el 27 de enero de 1981 se reúne en la Sala de Profesores de la Escuela de Artes y Oficios la Comisión Pro-Monumento. La preside el Hermano Mayor de la Cofradía de Jesús, y asisten el pintor Domingo Molina (director de la Escuela), Eusebio Campos (director del Colegio Público que entonces todavía se denominaba “Francisco Franco” –hoy “Sebastián de Córdoba”–, del que Pasquau fue director), Diego Rodríguez Valdivia (director de SA.FA.), Natalio Rivas Sabater (Presidente del Centro de Iniciativas Turísticas de Úbeda), Joaquín López Sáez (delegado de la Asociación de Medios Informativos de Úbeda), José Dueñas Molina (en representación de la Asociación Cultural “Adelpha”), Pedro Nieto (en representación de la revista “Gavellar”), Juan Ramón Martínez Elvira (Consejero Local de Bellas Artes), Ramón Molina Navarrete (director de “Ibiut”) y el concejal Felipe Fernández Ordóñez. En esta primera reunión, los representantes de la sociedad civil acordaron tirar para adelante con el monumento de Juan Pasquau, encargando su realización a Juan Luis Vasallo, uno de los más grandes escultores del siglo XX. La empresa, era ambiciosa, pero todos eran conscientes de que Pasquau no merecía menos. Y se decide pedir al Ayuntamiento que el monumento se instale en el Rastro, debajo de la muralla, junto al torreón de la Santísima Trinidad.

ÚBEDA POR PASQUAU.

El 27 de octubre vuelve a reunirse la Comisión, a la que se habían adherido Bernardo López Aparicio (director de FP en SA.FA.), Alberto Coronado (aparejador municipal), José Fuentes Miranda (de la Asociación Cultural “Aznaitín”), Antonio del Castillo (amigo de Pasquau y bibliotecario municipal), y Antonio García Soria y Antonio Vico Hidalgo, destacados hermanos de la Cofradía de Jesús –alma mater del proyecto–, que actuarían respectivamente como Tesorero y Secretario de la Comisión. Ese día, Juan Luis Vasallo presenta su proyecto de busto, que resulta del agrado de todos. Y la Comisión se lanza a la tarea de recaudar fondos para poder sufragar el coste del monumento.

El 20 de octubre de 1983 vuelve a reunirse la Comisión, y a la misma asiste el nuevo Alcalde de Úbeda, Arsenio Moreno Mendoza, que propone que el monumento se ubique no en el Rastro sino en el patio de la Casa de la Tercia, lugar de las nuevas dependencias de la Biblioteca Municipal. Se aprueba la idea y se informa de que ya hay recaudadas más de 200.000 pesetas para el monumento. Pero hay que llegar hasta las 800.000 que cuesta realizar en bronce el busto de Juan Pasquau, y a comienzos de 1984 se manda al escultor un adelanto de 225.000 pesetas. No cesa en sus trabajos y desvelos la Comisión –rifas, donaciones...– y el 29 de diciembre, en el Teatro Ideal Cinema, se representa la obra “Úbeda, dama de sueños”, de Molina Navarrete: 35.000 pesetas más para la cuenta del monumento. Y así, poco a poco, la sociedad ubetense supo estar a la altura de las circunstancias y de la memoria de Pasquau y se recaudaron 833.500 pesetas, que dieron para pagarle a Vasallo y para costear la humilde peana de piedra que debía sostener el busto. Seguramente a los patrocinadores del monumento les habría gustado completar tan extraordinario busto con unos mejores complementos, pero el dinero no dio para más y los políticos –tan pródigos en sugerencias y en actos en los que ser fotografiados– no aflojaron el presupuesto municipal.

El caso es que el 8 de septiembre de 1986, festividad de la Virgen de Guadalupe, se inauguró el monumento de Pasquau en la Casa de la Tercia, lugar poco apropiado, por poco visible. Asistieron su familia y sus amigos y su Cofradía y la Comisión Pro-Monumento... y la Corporación Municipal y el Consejero de Cultura de la Junta de Andalucía. Hubo, supongo, discursos e himnos y recuerdos sinceros y alguna lágrima. Luego, cuando la Biblioteca se trasladó al Hospital de Santiago, el busto de Pasquau fue detrás de su Biblioteca y acabó aparcado en el Patio de la Virgen, a la espera de que algún día la sociedad civil de Úbeda –poco cabe esperar de sus corporaciones municipales– resucite y retome el proyecto de terminar un monumento digno para Juan Pasquau, en alguna calle o en alguna plaza del pueblo que tanto amó y que tanto le debe.

(Manuel Madrid Delgado)

(Publicado en IDEAL el 5 de junio de 2010)

miércoles, 3 de marzo de 2010

NUEVA SALA INFANTIL: QUE VEINTE AÑOS NO ES NADA





Los amantes del libro y de la literatura recibimos ayer una buena noticia: se ponía en funcionamiento la nueva sala de Biblioteca Infantil, “dentro” de la Biblioteca Pública “Juan Pasquau”. Se trata de un espacio situado en la sala que primero se utilizó como Museo de Semana Santa y posteriormente como Sala de Exposiciones “Esteban Jamete”. Desde que la Biblioteca se trasladó al Hospital de Santiago, hace veinte años, no se contaba con un espacio dedicado en exclusiva a los niños.

Acondicionada en los últimos días por el personal municipal de la Biblioteca y del Archivo (personal, justo es reconocerlo, verdaderamente ejemplar y nunca valorado ni reconocido) en ella los niños ubetenses tienen a su disposición más de 4.000 volúmenes, y varios puntos de lectura con sillas y mesas adaptadas a su edad. La Sala está dotada, igualmente, de un sistema de Internet inalámbrico, que permitirá a los chavales conectarse gratuitamente con sus portátiles, facilitándoles la realización de “los deberes”.

La Sala Infantil de la Biblioteca permanecerá abierta en horario de tarde, pero abrirá también por las mañanas para que aquellos padres y madres que lo deseen puedan acudir en esas horas a retirar libros para sus hijos o a dejar los que ya han leído.

Ésta es, sin duda, una buena noticia y los Amigos de la Biblioteca Pública y del Libro estamos satisfechos: es el primer fruto de aquel Manifiesto firmado hace casi dos años. Y es que en ese momento demostramos que los ciudadanos, cuando nos unimos y apostamos con coraje cívico por la defensa de los elementos esenciales de una sociedad democrática –y la cultura del libro lo es, en grado sumo– podemos arrancarle a los políticos siquiera unas migajas. Esta Sala Infantil no es una migaja, sino una gran conquista de los ciudadanos ubetenses para su futuro y sobre todo para el futuro de sus hijos. Por eso, con el deseo de que pronto esta nueva Sala sea la punta de lanza de una nueva “cultura del libro” en Úbeda, muchas gracias a Ramón, a Diego, a Pepa, a Juan... y por supuesto a todos esos ciudadanos anónimos que han hecho posible que desde ayer los niños de Úbeda tengan un lugar en el que aprender a navegar por los espacios infinitos que se esconden en los libros.

martes, 5 de enero de 2010

RECORDANDO A JUAN PASQUAU




Son muchos los mortales que quedan huérfanos a muy temprana edad, en esa edad en la que más precisan de la ayuda de su progenitor, faltándoles el apoyo, la protección, el consejo, la educación, el cariño... Faltándoles su consoladora y gratificante sombra.

Yo fui uno de los que formó parte de esa desgarradora orfandad paterna. Concretamente el 26 de septiembre de 1963.

Empero, a diferencia de aquellos que ya no encontrarían jamás la añorada presencia y figura del patriarca del hogar, del cabeza de familia, del padre querido, tuve la inmensa dicha de contar con la mano firme y extendida, con la palabra diáfana y erudita, con la sonrisa clara y amorosa, con el afecto sincero y profundo de uno de los hombres más íntegros, buenos, sencillos e inteligentes que Úbeda nos ha brindado en los anales de su historia: Juan Pasquau Guerrero. A quien, desde aquellos instantes, consideré como mi segundo padre.

Llevado de la estrecha amistad que le unía con la rama de los Castillo y de los Vico, se acordó de mi modesta y apesadumbrada persona para designarme como auxiliar suyo en la Biblioteca Pública Municipal, situada, por entonces, en el magno patio renacentista del Ayuntamiento ubetense.

Por hallarse tan ligado a mi familia, yo conocía su ejemplar trayectoria literaria de brillantísimo escritor.

Ejercía como Profesor en las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia (no le agradaba en absoluto lo de “SA.FA.” que –según su fino olfato– “huele a plástico o a abono sintético”), había colaborado, desde muy joven, con sólo dieciséis años, en los periódicos locales “La Provincia” y “Vida Nueva”. Después fueron numerosísimos sus artículos en “Jaén”, “Patria” e “Ideal” de Granada, “Madrid”, “Blanco y Negro” y “ABC”, donde fue considerado, en este último, como uno de sus mejores articulistas. Fue premiado en la VI y VII Fiesta de la Poesía local, por sus trabajos “Comentario a San Juan de la Cruz” y “Úbeda monumental y turística”. Asimismo fue galardonado en diversas localidades de la provincia, recibiendo el preciado y delicado “Olivo de Oro”. Ostentaba el cargo de Concejal y el de Archivero-Bibliotecario de nuestras Casas Consistoriales, Consejero del Instituto de Estudios Giennenses. En el año 1950 fue fundador y director, durante dieciocho años, de la enjundiosa, pulcra, elegante y prestigiosa revista “VBEDA”. En ella nos deleitábamos con sus excelentes trabajos que firmaba con “Juan Pasquau”, las iniciales “J.P.”, “P” y los seudónimos de “Anselmo de Esponera” y “Miguel H. Uribe”. Pregona, en 1958, nuestra Semana Santa y, en dicho año, sale a la luz su obra cumbre “Biografía de Úbeda”, la más importante de cuantas se han publicado sobre nuestra prócer ciudad, toda vez que, además del rigor en el dato y en la fecha, se encuentra adobada de una prosa filosófica, nostálgica, costumbrista, castiza, popular y chispeante que hacen las delicias del lector por su incomparable amenidad. Uno de sus primeros ejemplares pasó a poder de mis padres, con una dedicatoria que nunca olvidaré. Con anterioridad había publicado “Polvo iluminado” (1949) y, posteriormente, “El espíritu de la escuela” (1962).

(CONTINUARÁ...)

ANTONIO DEL CASTILLO VICO

jueves, 17 de diciembre de 2009

DOS LIBROS DEDICADOS


Desde el pasado día 10, la Biblioteca Pública Municipal "Juan Pasquau" cuenta con dos pequeños "tesoros" entre sus fondos. Se trata de dos ejemplares de La noche de los tiempos, especialmente dedicados por Antonio Muñoz Molina a la Biblioteca y a sus miles de usuarios.

Igualmente les informamos de que en la web de la Asociación "Alfredo Cazabán Laguna" (http://www.vbeda.com/) se ha creado un panel en el que, si así lo estiman oportuno y si fueron de los afortunados a los que nuestro paisano les dedicó un libro, podrán mostrar las palabras que Muñoz Molina les dedicó.

Les dejamos ya con las dedicatorias que figuran en los ejemplares de la Biblioteca Pública.




martes, 10 de junio de 2008

HOMENAJE A JUAN PASQUAU



Se cumplen hoy treinta años de la muerte en Madrid de Juan Pasquau Guerrero, que había nacido el 21 de abril de 1918 en el seno de una familia de rancio abolengo y de gran tradición política (su padre, su abuelo y varios familiares suyos más fueron alcaldes de la ciudad), muy querida entre los ubetenses. Baste recordar en este sentido que su abuelo Antonio Pasquau y González de Castañeda, siendo alcalde de la ciudad en la última gran epidemia de cólera del siglo XIX, vendió todos sus bienes para paliar la miseria y el hambre de las clases populares; en recuerdo de este gesto se puso su nombre a la calle Trinidad (que oficialmente sigue llevando el nombre de tan ilustre alcalde, pues nadie lo ha cambiado posteriormente) y se acordó que su retrato presidiera el Salón de Plenos del Ayuntamiento, acuerdo que nunca se cumplió.

La labor cultural, literaria, filosófica y educativa de Juan Pasquau es ingente.

Dedicó su vida profesional al magisterio, cuyos estudios realizó por libre, implicándose personal y familiarmente en esa aventura educativa y cultural que fueron las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia. Luego aprobó las oposiciones al Cuerpo Nacional de Directores Escolares, y desde entonces dirigió varios Colegios en Úbeda. Fue profesor en la Escuela Universitaria de Magisterio y en la Escuela de Artes y Oficios de Ubeda. En artículos, conferencias y pequeños ensayos plasmó su personal concepción de la enseñanza y la educación En reconocimiento a sus méritos profesionales en el ámbito de la enseñanza recibió en 1977 la Cruz de Alfonso X El Sabio.

Fue también Director de la Biblioteca y del Archivo Municipal de Ubeda durante muchos años.

En el ámbito literario, Juan Pasquau puede considerarse legítimamente entre los mejores y más fecundos articulistas de su época a nivel nacional. Fue colaborador asiduo de los diarios “Jaén” (al que estuvo vinculado desde sus comienzos literarios, en 1941), ABC de Madrid (desde 1958) e “Ideal” de Granada (desde 1972). Más esporádicamente colaboró en otras muchas publicaciones, como “YA” de Madrid, ABC de Sevilla, “Ideal Gallego” de La Coruña, “El Norte de Castilla” de Valladolid, etc. Fundó la Revista literaria mensual “VBEDA”, de la que fue director y principal suministrador de contenidos durante 18 años, hasta su extinción. En dicha revista queda reflejada una valiosa crónica de la vida cultural y social de una pequeña ciudad en la España de los años 50 y 60 y sigue siendo la empresa cultural más ambiciosa y fecunda que ha tenido lugar en Úbeda en los últimos cien años.

Sus artículos –no se ha hecho un recuento exacto, pero podría darse una cifra aproximada de unos 2.000 publicados– abordan temas de todo género; literarios, pensamiento y opinión, crónicas, viajes, arte, religión, política, filosofía, pedagogía, vida cultural, espectáculos, costumbres, historia, libros, semblanzas personales, etc. Es de destacar la cantidad de artículos y trabajos referidos a la ciudad de Úbeda: en el libro “Biografía de Úbeda”, en la revista “VBEDA” y en numerosísimos artículos de prensa construyó una manera de pensar y concebir a Úbeda que hoy, treinta años después de su muerte, sigue vigente. En cierto modo, puede decirse Ubeda se ha esforzado en parecerse a como la concebía Juan Pasquau Guerrero.

Al margen de los artículos de prensa, en vida publicó las siguientes obras: como Biografía de Ubeda (1958), 1ª edición, Polvo iluminado (1948) (recopilación de artículos), Dos temas de Ubeda (1970), Cazabán, vigente (1972) (separata), Úbeda, Ciudad del Renacimiento Andaluz (1975), Cobos, Secretario del Emperador, Reseña de Ubeda (1971).

Como obras póstumas se han publicado Biografía de Ubeda (2ª edición) (1984), Temas de Jaén (1980), A la busca del hombre perdido (1987), Tiempo ganado (1988), Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia: memoria de una época (2006).

Juan Pasquau, además de extraordinario escritor y pensador de talla, fue un hombre comprometido con la sociedad de su tiempo. Y eso se trasluce no sólo en sus muchos artículos sino también en los cargos que desempeñó a lo largo de su fecunda vida. Así, podemos destacar que fue Consejero de número del Instituto de Estudios Gienenses desde su fundación (1952), y Presidente de su Sección de Publicaciones; Académico Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid (desde 1971); Cronista Oficial de Ubeda (desde 1968); miembro fundador del Instituto de Estudios Sanjuanistas de Ubeda; miembro de la Comisión asesora del Ministerio de Educación y Ciencia de Jaén; y Concejal del Excmo. Ayuntamiento de Ubeda desde 1960 a 1967.

Una vida tan generosa se vio recompensada con distinciones y reconocimientos como la Cruz de Alfonso X El Sabio en reconocimiento a sus méritos en la enseñanza (1977), el título de Hijo Predilecto de Ubeda (1970), la Medalla de Plata de la ciudad de Úbeda (1978) y varias decenas de premios literarios, entre los que destacan el Premio “Olivo de Oro”, en su edición de 1971, el Primer Premio Nacional Literario, por un artículo publicado en “ABC” (1962), el Premio Nacional de Periodismo de la Dirección General de Archivos y Bibliotecas (1963) o Premio extraordinario “Cronista Cazabán”, del Instituto de Estudios Giennenses (1972).

Hoy se cumplen treinta años de su muerte. En los primeros años Juan Pasquau obtuvo el reconocimiento de su ciudad y de sus gentes, que se plasmaron en varias iniciativas: la Biblioteca Municipal, un Colegio de Enseñanza y una calle llevan su nombre; y por suscripción popular se encargó al escultor Juan Luis Vasallo un busto de su figura que se instaló en Ubeda. Treinta años después, todavía no se ha abordado los más importantes reconocimiento y homenaje que puede hacerse a tan gran hombre como fue Juan Pasquau: dignificar la Biblioteca que lleva su nombre y a la que tantas horas dedicó y publicar su obra completa.

Por nuestra parte, sirva esta pequeña semblanza como homenaje de la Biblioteca Pública a uno de los más grandes hombres de la historia de Úbeda.

martes, 3 de junio de 2008

LA BIBLIOTECA CONFINADA



Al leer la breve historia que este cuaderno hace de la Biblioteca Pública Municipal de Úbeda, que algún día habría que completar hasta donde los rastros documentales y testimoniales lo permitiesen, pasamos por alto que cuando hablamos de la Biblioteca y sus relaciones con los usuarios no siempre estamos hablando de lo mismo. Resulta fácil comparar términos equivalentes.

Por ejemplo, cuando en 1951 el recordado D. José Molina Hipólito (entonces Bibliotecario Municipal) manifiesta en la Revista Vbeda a Don Juan Pasquau, transmutado en Anselmo de Esponera, que la Biblioteca cuenta con 1 903 obras y un total de 2 510 tomos, nos sentimos capaces de emitir un juicio de valor contrastando, en términos simplemente numéricos, aquella realidad con la actual.

Nos parecerán acaso pocos los títulos a disposición de los lectores. Sin duda lo eran. Sin embargo Molina Hipólito, cuya tarea como Bibliotecario Municipal ha sido poco o nada reconocida pero a quien debemos la reorganización de la Biblioteca desde 1944 hasta aquel desgraciado marzo de 1953, da la cifra con cierta satisfacción. Y no nos dejemos engañar, él había conseguido dar a la Biblioteca una vida tan funcional y acogedora como en los penosos tiempos de la postguerra era posible. Para las circunstancias de la época su orgullo era legítimo. De espléndida la califica Juan Pasquau en aquel momento.

La Biblioteca en tiempos de Pepe Molina no había dejado de ser la Biblioteca Popular que se creara en 1927, pese a desenvolverse en una sociedad controlada por un régimen totalitario y cruel. Y, como en la Biblioteca Popular, el bibliotecario estaba obligado a permanecer en la sala durante todo el horario de lectura. Chocante obligación, aunque evidente, por cuanto parece confundir los conceptos y circunscribir al periodo de apertura de la biblioteca la posibilidad de la lectura. Pero no había confusión alguna. Era rigurosamente así. Estaba terminantemente prohibido que los libros saliesen del centro; la sala de lectura era el único lugar donde podían ser utilizados.

Para llegar a la biblioteca circulante, la que presta los libros a los usuarios para que se los lleven a casa, hubo que esperar un poco más.

En enero de 1954, el también recordado Antonio Parra, como nuevo bibliotecario municipal, firmaba en los números 49 y 50 de la Revista Vbeda una "Memoria de la Biblioteca Pública Municipal" en la que afirmaba, por primera vez en nuestra ciudad, que "la Biblioteca no termina en el salón, que la biblioteca moderna no debe ser un simple almacén de libros sino un centro activo y aun ofensivo de la cultura". Se refería, por si alguien pensaba otra cosa, a que "debe convertirse en circulante, buscando al lector en su propio domicilio". Debe prestar los libros fuera de sus instalaciones. Porque, si en la época del inefable Pepe Molina el mayor enemigo de la lectura era el analfabetismo, en la nueva etapa inaugurada por Antonio Parra se estimaba como mayor dificultad la imposiblidad de leer en la bilioteca para muchos vecinos "por incompatibilidad de sus respectivos trabajos".

De este modo, a la etapa de nuestra Biblioteca de la segunda mitad de los años 50 le debemos su carácter circulante, esto es, que los libros sean prestados para ser leídos o consultados fuera de la sala. Con las iniciativas del nuevo Bibliotecario, comienza una nueva etapa de la que alguna vez habrá que hablar. Quizás no sea ahora el momento.

Quiero destacar algo de aquella biblioteca confinada en su elegante salón del Palacio Municipal, una característica que le transmitió Molina Hipólito, algo que marcó la esencia de nuestra Biblioteca y que ha llegado hasta nosotros. Pasados los años cruzo el abigarrado y revenido espacio de la sala que ocupa en el Hospital de Santiago y la reconozco, como reconocemos en los hijos la infancia de nuestros padres. La imagen que acude a mi memoria poco tiene que ver con el carácter circulante o no de la colección. Ni con la ratio de libros por habitante, los puntos de lectura o el horario. Desde la autoridad que le confiere la distancia de más de cincuenta años nos lo recuerda Anselmo de Esponera: «... al entrar en la Biblioteca, que se encuentra en el Palacio Municipal, nos ha recibido la sonrisa - siempre cordial- de Pepe Molina. Porque este es el primer "confort" (valga por una vez el extranjerismo) que se encuentra al penetrar en la Biblioteca ...».